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Todavía recuerdo aquellos días calurosos que pasábamos en la casa de mis abuelos, en la rivera de la rambla de Don Diego como se le conoce en Alhama. Salías a la puerta de casa, una pequeña explanada enyesada por mis abuelos y sus vecinos. Esto se hacía para no tener polvo veraniego, tan típico de nuestra árida tierra. Pero lo que siempre recordaré era la fila de paleras que hacía de lindero en la finca al otro lado de la rambla. Era nuestro limite en la zona de juegos, sus imponentes pinchas hacía que así fuese. Esa planta tal como una muralla defensora, imponía su respeto. Siempre recordaré a mis abuelos recolectar los frutos de ellas “el higo chumbo”, con todo el cuidado del mundo para no salir lleno de pinchas (o punchas como se les llama en algunas zonas de Murcia). Era un manjar difícil de explicar, esa dulce sensación, como deshacíamos el bocado de higo en nuestra boca sin llegar a masticarlo, por las semillas de la fruta. Mis tíos mepalera-higo-chumbo recordaban que en otras épocas más cercanas a la posguerra, mi bisabuelo cogía gran cantidad de higos y sentaba a todos sus nietos y con mucho cuidado empezaba a pelar y a ofrecer a todos, eso era lo que había de merienda y de cena. La llegada del higo chumbo anunciaba el final del verano. Hoy todo se ha adelantado, o será el cambio climático lo que ha anticipado ya la existencia para el consumo de nuestro histórico e identificario fruto silvestre más dulce del verano. El “higo chumbo”, o la tuna según el lugar, ya está en la calle desde hace algunos días y siempre ha sido anticipo o aviso del final del veraneo. El higo chumbo anuncia dulcemente el principio del fin de una temporada en la que se contienen muchas señas de identidad del levante y del sur de España: las calores, el histórico sudor, la calle regada, la puerta entreabierta, las persianas o esterones de esparto, la gastronomía veraniega,… toda una sinfonía de sabores, aromas y maneras de estar y ser.

Tras los estudios de restos humanos y semillas de las tunas, realizados en 1995, se puede afirmar que nuestro popular higo chumbo ha cumplido ya los 9000 años. También se sabe que antiguas culturas valoraban las propiedades medicinales de esta fruta silvestre que era capaz de bajar la fiebre con tan sólo tomar su jugo y de calmar dolores de muelas e inflamaciones aplicando sus pencas asadas.

paleras-higo-chumboAquí, por nuestra cuenca mediterránea, aparece procedente de México, como uno de los primeros productos traídos desde el Nuevo Mundo, como “higos de las Indias”,  siendo en sus desembarcos por Cádiz, Sanlúcar, Sevilla y Cartagena los primeros puntos de aparición y posterior extensión. Todo el Mediterráneo será inundado desde Levante y Sur de España a partir del siglo XVI.

Tras la conquista castellana, los moriscos expulsados los llevarían hacia el norte africano donde se le conoció como “higo de los cristianos”, repitiéndose la misma admiración por sus propiedades alimenticias. Las propiedades
antiescorbúticas atribuidas al higo chumbo harían que, durante los viajes de la armada española en el siglo XVIII, fuera uno de los alimentos indispensables en sus bodegas, introduciendo de esta forma su cultivo en numerosos países del sur de África, Asia y Australia. También en este mismo siglo misioneros franciscanos lo llevarían a tierras de Norteamérica, concretamente a California, donde se conoce actualmente como “misión cactus”.

Las chumberas forman parte del paisaje mediterráneo y en Levante y el sur de España han proliferado, viéndoseles en los bordes de los caminos rurales o formando setos vivos entre parcelas de cultivos.

extraccion-higo-chumboLa forma popular de extraerlos de la penca, consiste en un artilugio de larga caña, en cuya parte superior se practican unas incisiones para abrirla a modo de “pequeño cesto”, colocando en su interior una piedra que asegura el hueco abierto a modo de pinza y lo necesario para que quepan los higos. Para quitarles las pinchas, se extienden los higos en un suelo de arena. Seguidamente removerlos con una escoba u otro utensilio generalmente de esparto y material herbáceo para eliminar las pinchas. Una vez sin pinchas, se realizan con un objeto cortante tres incisiones en el higo: dos en cada una de sus bases o coronas y otra que atraviesa su piel horizontalmente. Tras separar la piel, la pulpa o carne surge completa.

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Muy utilizada para la formación de vallados naturales, la chumbera proporcionó también un complemento a las débiles economías rurales ya que sus palas o raquetas han sido también empleadas como alimentación del ganado y en sus formaciones han encontrado refugio no pocos animales del campo.

Pero sin duda, la recolección de higos chumbos es el principal aprovechamiento que en el medio rural ofrecen las chumberas. Ya era un fruto popular en el siglo XIX

No están muy lejos los tiempos en que muchos campesinos y jornaleros, que vivían en las chozas que ellos mismos construían en los descansaderos y márgenes de nuestras vías pecuarias, recogían los higos para su venta en la ciudad. Transportados en serones sobre burros o mulos, acudían a los mercados o eran vendidos de manera ambulante desde mediados de agosto hasta la entrada del otoño.

Aunque han sustituido los burros y mulos por “motillos”, los vemos todos los años por las cañadas o por las lindes de los campos, recogiendo en los vallados de tunas este sabroso fruto utilizando la misma técnica de siempre.